lunes, 29 de agosto de 2016

Me acordé de Cortázar cuando dice

El futuro se escinde, Maquiavelo:
el más lejano tiene un nombre, muerte, 
y el otro, el inmediato, carretilla.
¿Cómo puede vivirse en un presente 
apedreado de lejos? No te queda 
más que fingir capacidad de aguante: 
agenda hora por hora, la memoria 
almacenando en marzo los pagarés de junio, 
la conferencia prometida, 
el viaje a Costa Rica, la planilla de impuestos, 
Laura que llega el doce, 
un hotel para Ernesto, 
no olvidarse de ver al oftalmólogo, 
se acabó el detergente, 
habrá que reunirse 
con los que llegan fugitivos 
de Uruguay y Argentina, 
darle una mano a esa chiquita 
que no conoce a nadie en Amsterdam, 
buscarle algún laburo a Pedro Sáenz, 
escucharle su historia a Paula Flores 
que necesita repetir y repetir 
cómo acabaron con su hijo en Santa Fe.

Así se te va el hoy 
en nombre de mañana o de pasado, 
así perdés el centro 
en una despiadada excentración 
a veces útil, claro, 
útil para algún otro, y está bien.

Pero vos, de este lado de tu tiempo, 
¿cómo vivís, poeta?, 
¿cuánta nafta te queda para el viaje 
que querías tan lleno de gaviotas?